Tras la nevada viene la calma. Y el resfriado.
Ay, naranjitas y limones, aspirinas y termalgines. Lo que haga falta para recuperarme y poder ir a Londres, a por otro poco más de frío. Y después, si a tí te hace ilusión, nos iremos a Australia a ver la cruz del sur, o a Puerto Lápice, a ver los molinos de viento.
Un saludo y un quejío.
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