Cosas de Ross
Espero que no le gusten los monos..
Cosas de Ross
Espero que no le gusten los monos..
Datos: Coffee and Cigarettes (Jim Jarmusch, 2003)

“¿Sabes? Nikola Tesla percibía la tierra como un gran conductor de resonancia acústica”

Con este título tan molón que he osado poner lo que quiero decir es que, ante la marcha de Irantzu Valencia de La Buena Vida, espero que lo de Mikel asumiendo el peso total de la voz sea únicamente de forma temporal. Y es que Mikel nos cae fenomenal, pero hay vacíos que no se pueden cubrir.
Ahí tienen el ejemplo de Belle & Sebastian (¡no iba a decir la Oreja!) cuando se les marchó Isobel Campbell, que a los pocos meses estaban organizando un concurso para hallar nueva cantante. Stuart Murdoch también puede caer muy gordo a la séptima canción seguida…
Dado el caso, entre los requisitos estaría, por supuesto, que el registro de voz no alcanzase notas muy altas y que tuviese lo que nos gusta de Irantzu: una voz sin complejos, natural y sincera.
Si así lo deciden, suerte.
P.D.: Irantzu, ¡vuelve ya!
En Buscando un beso a medianoche, Vivian coleccionaba fotos de zapatos perdidos para después colgarlas aquí.
Esta es mi versión local, motivada por el temporal que acabamos de pasar -y que no vuelva más por favor/gracias- y porque una no es tan intrépida como para andar cazando furiosos oleajes, que además están muy vistos.
Este es el triste testimonio de los paraguas abandonados y descalabrados.
Hoy hace 25 años que falta el autor de Rayuela, la novela que pasea por los altos y los bajos de los puentes parisinos, así como por lo inexplicable del pensamiento y comportamiento humano:
Horacio me trata de sentimental, me trata de materialista, me trata de todo porque no te traigo o porque quiero traerte, porque renuncio, porque quiero ir a verte, porque de golpe comprendo que no puedo ir, porque soy capaz de caminar una hora bajo el agua si en algún barrio que no conozco pasan Potemkin y hay que verlo aunque se caiga el mundo, Rocamadour, porque el mundo ya no importa si uno no tiene fuerzas para seguir eligiendo algo verdadero, si uno se ordena como un cajón de la cómoda y te pone a ti de un lado, el domingo del otro, el amor de la madre, el juguete nuevo, la gare de Montparnasse, el tren, la visita que hay que hacer. No me da la gana de ir, Rocamadour, y tú sabes que está bien y no estás triste. Horacio tiene razón, no me importa nada de ti a veces, y creo que eso me lo agradecerás un día cuando comprendas, cuando veas que valía la pena que yo fuera como soy. Pero lloro lo mismo, Rocamadour, me equivoco, porque a lo mejor soy mala o estoy enferma o un poco idiota, no mucho, un poco pero eso es terrible, la sola idea me da cólicos, tengo completamente metidos para adentro los dedos de los pies, voy a reventar los zapatos si no me los saco, y te quiero tanto, Rocamadour, bebé Rocamadour, dientecito de ajo, te quiero tanto, nariz de azúcar, arbolito, caballito de juguete …
Mimos para los oídos

Y para el alma. Ayer salí curada de ese teatro. Impresionante, qué elegancia y aplomo. Cada cual a su labor, sincronizando de forma perfecta. Los instrumentos se sucedían en el momento y con el toque justos para completarse con la voz de Stuart Staples y formar una nube en la que era fácil envolverse. Y flotar.
La verdad, destaco la trompeta, he de decir que para mí tiene algo especial, un poder tremendo para emocionar. Qué cosas, puedo haber escuchado infinidad de veces el I fought in a war de Belle & Sebastian que al final se me pone la carne de gallina sí o sí.
Ah, y el teloneador que los teloneó y que no me quedé con el nombre, cómo se quedó con nosotros, valga la redundancia… En la segunda canción, el muy personaje, nos metió con los mismos acordes que en la anterior una letra que sonaba a… que era… qué! cómo! ¿si? ¿tú crees? ¿ésta?
Video 1 y video 2. Mi minicamara no hace justicia. Tampoco fotos decentes en modo oscuro :)

“Las sustancias que estimulan la función sexual masculina fueron descubiertas en los últimos años del siglo XX, pero la humanidad sueña desde muy antiguo con estimulantes del deseo sexual, drogas que son llamadas afrodisíacos, por asociación con la diosa griega del amor, Afrodita.
El nombre de esta deidad entre los romanos era Venus, por lo que las pociones mágicas para hacerse amar o para despertar en uno mismo o en los demás el deseo sexual se llamaron venenum (…)”
Inventando el final de la etimología, podríamos añadir que en las postrimerías del segundo milenio, las deidades, en su constante afán por crear amoríos, modernizaron sus recursos y comenzaron a lanzar a diestro y siniestro constantes pociones de spamum.
Saludos inocuos.