Como continuación a la colección de perros difíciles de mirar, os presento este album, geolocalizado en mis últimas vacaciones. Tras ver que los humanos son un tanto reacios a ser retratados mientras desarrollan sus actividades cotidianas, descubrí que sus chuchos les reflejan ¡mucho mejor!
Así nos encontraremos con el perro geek que madruga lo indecible para ir a trabajar a Palo Alto, al esclavo de la imagen, quien se controla con los Friskees para seguir entrando en el traje, el que se pasa el día subiendo y bajando cuestas de inclinaciones de vértigo, el gayer de Castro o el bohemio-siempre-tumbadorro del barrio beat. Si estas bolas de pelo pudieran contarnos sus azarosas vidas…




